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18 xullo, 2023

Una recomendación: "Prometeo americano. El triunfo y la tragedia de J. Robert Oppenheimer", de K. Bird y M. J. Sherwin


Esta biografía de Robert Oppenheimer se publicó originalmente en 2005.
La producción de una película basada en la misma, cuyo estreno es inminente, llevó a que fuese traducida al español casi veinte años después. Es un retraso un tanto incomprensible, porque la personalidad del protagonista y su papel central en, al menos, un par de hechos históricos de singular importancia en el siglo XX, deberían haber bastado para llamar la atención de nuestras editoriales desde hace tiempo.

Aunque no sea desmesuradamente extensa (esta edición en tapa dura de Debate son 700 páginas de texto y 150 más de notas, bibliografía e índice), se trata de una biografía muy detallada, que atiende con minuciosidad tanto a la vida privada como pública del protagonista. En ocasiones, sobre todo en el tratamiento de las personas relacionadas de un modo u otro con el protagonista, resulta prolija.

La propia historia de su redacción tiene ya tintes legendarios, pues tardó 25 años en escribirse, tras pasar de ser obra de un solo autor a serlo de dos: el encargado inicial de escribirla, Sherwin, que murió en 2021, había acumulado en diez años unas 50.000 páginas de entrevistas, transcripciones, cartas, diarios, documentos desclasificados y expedientes del FBI. Todo ese material, almacenado en cajas, solo pudo empezar a ordenarse cuando unió sus fuerzas a las de Kai Bird.

La historia de Oppenheimer tiene tres focos principales de interés: su personalidad, su protagonismo en el proyecto Manhattan y su condición de víctima más renombrada del macartismo. Ni que decir tiene que son aspectos interrelacionados.

Oppenheimer fue un hombre extraordinariamente carismático e inteligente, y nada inocente de atesorar en su personalidad altas dosis de vanidad y soberbia, y restos de imprecisos trastornos nunca superados que afloraron en su etapa universitaria.

Educado durante sus primeros años en la Escuela de cultura ética, una institución educativa que podríamos llamar de innovación educativa, esta formación inicial reforzó e incentivó su tendencia innata a tener una gran variedad de intereses. Esta diversidad de inquietudes intelectuales fue la que, a la larga, lo arro a una vida llena de preocupaciones sociales, políticas, científica y éticas, que lo alejaron de la dedicación exclusiva a la física. Durante la lectura de su vida es imposible evitar hacerse la pregunta de adónde podría haber llegado como científico, si no hubiese compartimentado su mente de la manera en que lo hizo. Quizás es esa misma trayectoria vital la que ofrece una respuesta: lo que él hubiese podido descubrir o aclarar como físico tarde o temprano otro lo habría de hacer; sin embargo, solo él, Robert J. Oppenheimer, hubiese podido liderar y protagonizar lo que él lideró y protagonizó.

Tal es el caso de su participación en el proyecto Manhattan, que para él fue una tarea primordialmente política, antes que científica. Oppenheimer había desarrollado a lo largo de los depresivos años 30 un compromiso social que fue de la mano de las corrientes comunistas estadounidenses de la época. Estas relaciones, que lo marcarían nefastamente ya desde el principio a ojos de muchos, lo llevaron también a dirigir su preocupación hacia la situación de Europa, en concreto hacia la amenaza ya real del nazismo, que perseguía sin contemplaciones a los científicos alemanes desafectos. Fue luego el potencial militar desplegado por Hitler durante la Segunda Guerra Mundial lo que lo condujo, junto con muchos otros científicos de renombre, a convencerse de que solo el desarrollo de un arma poderosísima podría detener a Alemania. Obviamente, las implicaciones militares y políticas del asunto, a corto, medio y largo plazo, no fueron obviadas por las autoridades. El respaldo fue absoluto y la historia de la construcción y planificación del laboratorio de Los Álamos y lo que allí se vivió constituye uno de los relatos más fascinantes dentro de esta biografía.

Pero cuando parecía que el éxito científico anunciaba el éxito militar del proyecto, los avatares de la guerra provocaron un giro trágico en la vida de Opphenheimer y, sin duda alguna, de la humanidad en general. De repente, Alemania dejó de ser el objetivo del arma nuclear: el impulso no científico de aquella tarea científica simplemente fue ninguneado y fue reemplazado por intereses bastardos que ansiaban dar un monumental puñetazo en la mesa internacional como aviso a navegantes.

Las devastadoras consecuencias de lanzar el arma nuclear sobre dos ciudades de un país a punto de firmar la rendición tuvo unas repercusiones que aún perduran. La biografía de Opphenheimer narra con precisión la conmoción que ello supuso entre los miembros del proyecto, que inevitablemente se sumergieron en un debate ético y político al respecto cuando, como científicos, vieron las consecuencias reales de su trabajo, tan diferentes de las que habían imaginado al motivarse pensando en la Alemania de Hitler.

Como señalan los autores, el más afectado sería Oppenheimer: sabía que, en un sentido fundamental, el Proyecto Manhattan había conseguido que un arma de destrucción masiva fuera la culminación de tres siglos de física; la sensación que tuvo de que, en consecuencia, el proyecto había empobrecido la física fue inevitable. En cuanto logro científico, Oppenheimer no tardó mucho en denigrarla.

La catástrofe humana de Hiroshima y Nagasaki reforzó su faceta intelectual y comprometida. Al mando del Instituto de Estudios Avanzados en Princeton (una institución multidisciplinar que le venía como anillo al dedo), Oppenheimer se convirtió en un reflexivo, y atinado, analista de cómo debía enfrentarse el mundo a la existencia de un nuevo tipo de armas que, como muy bien expresó en 1953 con una frase lapidaria, había convertido a Estados Unidos y a la URSS en "dos escorpiones encerrados en una botella, cada uno capaz de matar al otro, pero solo a riesgo de perder su propia vida." Su biografía refleja con generosidad lo que Oppenheimer pensaba sobre el asunto y que dejó expuesto en numerosos discursos, ensayos y entrevistas.

Aunque la persecución inquisitorial a la que se sometió a Oppeheimer se radicalizó a partir de 1950, es impresionante constatar cómo en ningún momento de su vida, desde que en los años 30 había empezado a relacionarse con determinadas corrientes izquierdistas, dejó de estar sometido a vigilancia por parte del FBI. De nada sirvió que no hubiese pertenecido nunca al Partido Comunista, ni que renegase del comunismo cuando este quedó alterado por el control ideológico desde la URSS. Oppenheimer nunca pudo librarse de la sospecha de no ser un buen estadounidense: a los ojos de determinados sectores políticos, sociales y económicos, nunca dejó de ser alguien no confiable.

Su postura crítica hacia las políticas nucleares del gobierno no hicieron más que acrecentar el rechazo hacia él, y eso a pesar de que Oppenheimer nunca renegó de su gobierno. El comentario de Einstein lo sintetiza bien: "El problema de Oppenheimer es que quiere a una mujer que no lo quiere a él: el Gobierno de Estados Unidos. (...) La cuestión es simple: todo lo que tiene que hacer es ir a Washington, decir a los mandatarios que son unos imbéciles y volverse a su casa."

Pero Oppenheimer era un auténtico patriota. Siempre quiso influir, siempre quiso mejorar aspectos esenciales de la democracia de su país, como, por ejemplo, la necesidad de derribar los muros de secretismo levantados por el gobierno en materias relevantes, como la nuclear, para dejar fuera de la toma de decisiones a la población. Lo que en las décadas siguientes pasaría con otros asuntos, como Vietnam, demuestra que su esfuerzo iba bien encaminado.  


De hecho, toda la implacable persecución a la que lo sometió el
macartismo, auspiciada por su némesis particular, el millonario Lewis Strauss, tenía como simple objetivo el retirarle sus credenciales en relación con la seguridad nuclear, porque permitían que un sospechoso tuviese acceso a los secretos del poder. El lector asiste durante cientos de páginas a algo que no termina de entender bien, a una farsa, no tragedia (como el mismo Oppenheimer se encargó de precisar) y que le recuerda, paradójicamente, a los procesos implacables del comunismo soviético contra los infieles.

Sin duda, la vida de Robert Oppenheimer es una vida de película; pero uno tiene la sensación de que solo una biografía, tan bien escrita y tan bien documentada como esta, puede aproximarse a ofrecer un reflejo de lo que fue.

12 abril, 2020

A importancia de ler libros na corentena (e 2)


Practicando las sensatas recomendaciones incluidas en una entrada anterior de este blog, el azar, tan sensato también, hace llegar al lector a un breve ensayo de Peter Sloterdijk

Se titula "El Renacimiento permanente. La novella italiana y las noticias de la Modernidad." En él, a propósito del Decamerón, Sloterdijk reflexiona sobre la propuesta de Boccaccio de hacer de la ficción una alternativa al mundo apestado.

Una alternativa y una cura.


Esta página que dejamos ahí es, cómo no, una primera página...


23 xaneiro, 2016

(Cosmofísica, 7) "La realidad no es lo que parece. La estructura elemental de las cosas"

La realidad no es lo que parece es un excelente ejemplo de lo que se puede encontrar hoy en día en materia de divulgación científica: se trata de una breve, pero precisa y clara introducción en la física que protagonizará el siglo XXI, expuesta sobre los hombros de los gigantes del siglo XX, y que no se olvida de la tradición de siglos anteriores. A lo largo de su ensayo, Carlo Rovelli exhibe además un control intelectual de eminentes obras filosóficas y literarias del pasado que no puede sino explicar el porqué de su admirable capacidad explicativa: la precisión y claridad de su estilo demuestra que su formación humanística permea inevitablemente todos sus recursos expresivos.

Aunque se necesitan mutuamente, a efectos informativos el libro se puede dividir en dos grandes partes: por un lado, aquella en la que el autor explica los fundamentos de la relatividad y la física cuántica, y, por otro, aquella en la que expone la propuesta de la gravedad cuántica de lazos, teoría en la que el autor es un experto.

La teoría de la gravedad cuántica de lazos, o de bucles, es la principal competidora de la teoría de cuerdas como teoría finalmente dominante para explicar la realidad física. Rovelli apuesta por ella y, aunque deja claro que todavía está en pañales, llama la atención sobre una de las ventajas que tiene sobre aquella: es menos exigente con lo que debería haber de lo que es la teoría de cuerdas, que, por ejemplo, necesita de la existencia de unas todavía desconocidas partículas supersimétricas.

Rovelli explica los logros de la relatividad y de la física cuántica, y recuerda el escollo que hay para unificarlas: el estudio del campo gravitatorio, que, por su extrema debilidad, solo parece ser mensurable en las dimensiones de los grandes artefactos cósmicos, se mantiene al margen de la física cuántica, la cual, a su vez, se formula sin tener en cuenta esa curvatura espacio-temporal que explica la gravedad, y que las ecuaciones de Einstein matematizan. 

Aplicado a realidades concretas, el problema se materializa en el muro de hormigón contra el que se golpea impotente la relatividad cuando se adentra en singularidades tales como los agujeros negros y la hora 0 del universo, en las que lo cuántico parece encontrarse más cómodo.

Para cimentar la propuesta al respecto de la gravedad cuántica de lazos, el autor subraya con insistencia tres ideas clave de la mecánica cuántica: la granularidad, el indeterminismo y la relacionalidad. Es una novedad que alguien destaque tanto la primera y la tercera, y es mérito de Rovelli llamarnos la atención sobre su enorme importancia, incluso por encima de lo espectacular del indeterminismo. Y es así porque son ideas que le permiten al lector salir del diminuto, extraño e incomprensible mundo cuántico y hacerlo algo más cercano.

La granularidad de la realidad implica que no hay nada infinito: ni hay infinitos estados posibles ni hay una infinita subdivisión de la materia. Esto afectaría directamente a lo que ocurrió en el big bang: dado que no es posible una contracción infinita, el origen pudo haber estado en una nube de probabilidades cuánticas, sin espacio ni tiempo, que devendría de un universo anterior y que se habría resuelto en lo que nos ha llevado hasta el presente.

La relacionalidad, por su parte, afirma con claridad que la realidad no es, sino que es relación (aspecto intuido por la idea de relatividad): no hay realidad per se, sino que esta es una consecuencia de la relación, interacción, entre estados físicos. Las partículas lo son en el momento en que se relacionan con algo; mientras eso no ocurre, las partículas son ondas, campos que abarcan literalmente todo el universo.

Ya en su momento, Einstein advirtió que el espacio-tiempo es un campo más, el gravitatorio. En lo que Rovelli y otros trabajan es en demostrar que ese campo gravitatorio también es cuántico y que, sin negar la idea de que la materia curva el espacio-tiempo, puede explicar lo que ocurre en las singularidades citadas.

La idea, como se indicaba más arriba, es que el espacio no puede ser infinitamente divisible. El límite es la longitud de Planck: la millonésima parte de la milmillonésima parte de la milmillonésima parte de la milmillonésima parte de un centímetro (10 elevado a -33 cm.). Es justo en esta longitud cuando se manifiesta la gravedad cuántica y el espacio-tiempo de Einstein deja de tener sentido. Todo está, así, cuantizado: no solo las partículas o las superficies, sino también los volúmenes. Hay átomos elementales de espacio, un billón de millones de veces más pequeños que el más pequeño de los núcleos atómicos.

La gravedad cuántica de lazos intenta describir lo que es ese volumen cuantizado.

Los lazos son las líneas de Faradady, las del campo electromagnético, finitas y diferenciadas, que literalmente tejen el espacio. Lo tejen formando una malla tridimensional de lazos entrecruzados. Los nodos que se forman con ese entrecruzamiento son los cuantos de espacio. Aquí lo relevante es destacar que esos cuantos no están en el espacio, sino que son el espacio: un espacio que, en tanto que es cuántico, se crea con el interacturar de esos cuantos de gravedad individuales. No existe como dimensión física diferenciada de esa relacionalidad elemental. Consecuentemente, con el tiempo pasa lo mismo. La gravedad cuántica de bucles niega también la existencia del tiempo como una dimensión física diferenciada. No existe en el sentido de que los acontecimientos que ocurren no siguen ningún ritmo externo a ellos; ocurren, y, es en su relación con otros acontecimientos cuánticos, cuando generan su tiempo. El cambio existe, pero no respecto del tiempo, sino respecto de unas cosas con las otras.

En definitiva, un apasionante libro de divulgación que enseña lo básico de una de las teorías más prometedoras para entender la realidad física. 

ROVELLI, Carlo (2015): La realidad no es lo que parece. La estructura elemental de las cosas. Tusquets. Barcelona.

06 novembro, 2015

(Cosmofísica, 6) "La teoría perfecta. Un siglo de figuras geniales y de pugnas por la teoría general de la relatividad"

Este libro de Pedro G. Ferreira (profesor de astrofísica en Oxford) es una historia de la teoría de la relatividad general. Como el lector seguramente sabe, esta teoría fue expuesta por Einstein en 1915 y en ella, entre otras cosas, es donde se afirma que la gravedad es la curvatura del espacio-tiempo: las masas deforman la geometría que hay a su alrededor.

El título del libro es una ironía intencionadamente engañosa, pues si algo se demuestra a lo largo de sus páginas es que la perfección de esa teoría se halla, precisamente, en su imperfección, que es la que la ha convertido en una fuente inagotable de sugerencias y nuevos caminos para toda la física del siglo XX (y más allá...). Ferreira deja claro desde el principio que "la recompensa que se obtiene al dominar la teoría general de la relatividad de Albert Einstein equivale nada menos que a hacerse con la clave que permite comprender la historia del universo, el origen del tiempo y la evolución de todas las estrellas y galaxias del cosmos."

Ferreira distribuye su relato en tres grandes etapas. Los cinco primeros capítulos los protagoniza directamente Einstein, y narran tanto los momentos de esplendor científico y mediático de su trabajo, como las imperfecciones que generaron dudas y, consecuentemente, nuevos estímulos para la física.

Por un lado, está el triunfo de la comprobación experimental desde la Isla de Príncipe de que, efectivamente, la luz se curva en presencia del espacio-tiempo; pero, por otro, el problema que se le planteó a Einstein cuando se hizo patente que sus ecuaciones predecían un universo en evolución. Su obcecación en un universo estático y eterno lo llevó a insertar la famosa constante cosmológica, para evitar la implosión universal que la gravedad habría de terminar por producir. Alexander Friedmann y Georges Lemaître indicarían luego la dirección correcta, y la constante cosmológica hubo de esperar unas décadas para resucitar dramáticamente, bajo la forma de una energía oscura que respaldaría la idea de un universo aceleradamente expansivo. La teoría de la inflación cósmica complementaría más adelante el modelo del big bang, con el objeto de explicar la homogeneidad del universo a gran escala: es esencial, porque se vincula el mundo cuántico y las fuerzas fundamentales (en origen) con el cosmos en su dimensión más grande, que es el ámbito de dominio de la relatividad general.

La valoración científica de la teoría de la relatividad al final de la vida de Einstein era delicada y reflejaba sus propias dudas ante las consecuencias que parecía permitir: se la veía como una teoría puramente matemática, alejada de realidades experimentables y observables, sin una verdadera conexión con el universo real.

Desaparecido Einstein, la relatividad ha llevado desde entonces una vida tumultuosa.

Hay, obviamente, un montón de hallazgos de la física contemporánea que de forma directa o indirecta están relacionados con ella; el libro de Ferreira los va señalando, pero de forma incuestionable sobresale el tema de los agujeros negros, ya no solo por su misma existencia, sino por lo que las características de esta suponen para la física y la cosmología en general.

Descubiertos ya en vida de Einstein, los agujeros negros constituyen una singularidad, en el mismo sentido en el que lo es el estado inicial del universo: un algo en el que la física clásica se tambalea, y donde la relatividad parece replegarse para dejar campar a sus anchas a la física cuántica. La peculiaridad de una singularidad como la de un agujero negro hizo creer durante algún tiempo que esta solo se podía encontrar en las ecuaciones relativistas de Einstein, pero no en la realidad. Sin embargo, Roger Penrose dejó claro que existen, que no son solo matemáticas: una vez iniciado un proceso de implosión gravitatoria, la formación de singularidades es inevitable. El famosísimo descubrimiento de Stephen Hawking de que los agujeros negros emiten luz y tienen temperatura fue, por su parte, una consecuencia de la suma de fuerzas entre la relatividad general y la física cuántica. Sin embargo, las investigaciones posteriores de Hawking revelaron una amenaza crucial contra aquella, y contra la física en general. El gran problema que plantean los agujero negros es el de la extraña posibilidad de que la información que succionan se pierda; esto es algo que sería viable si la entropía (esa temperatura, esa luz) residiese en el volumen. De estar ahí, cuando el destino final de un agujero negro, su evaporación, se cumpliese, todo ello también desaparecería. Pero si la información se pierde, la física se estremece: pierde su capacidad de predicción, tan esencial a ella misma: en todo momento, es posible saber qué es de la materia que teníamos en el momento anterior. Hawkins sugiere entonces que la entropía de los agujeros negros tiene que ver con el área de su superficie, y no con el volumen espacial. Cambiar volumen por superficie implica que, en estas dimensiones, la relatividad deja de ser relevante, pues el espacio-tiempo ha quedado desplazado: la gravedad cuántica se convierte entonces en la depositaria de toda esa entropía. Lo que ha ocurrido realmente es que el espacio-tiempo ha quedado atomizado y que, por debajo de un determinado tamaño mínimo, ya no tiene sentido hablar de los conceptos de superficie y volumen.

Tirando de este hilo, en los últimos tres capítulos Ferreira reflexiona sobre el futuro de la relatividad y, aunque afirma que seguirá siendo "la médula misma de la física y la astronomía del siglo XXI", reconoce que "quizá haya llegado ya la hora de dar un paso más y empezar a buscar una teoría capaz de superar el comportamiento de la relatividad general en aquellas situaciones que bordean sus propios límites." Así las cosas, las nuevas ideas apuntan claramente a que es en el mundo cuántico donde recaería toda la responsabilidad de la formación de la geometría del espacio-tiempo.



FERREIRA, Pedro G. (2015): La teoría perfecta. Un siglo de figuras geniales y de pugnas por la teoría general de la relatividad. Anagrama. Barcelona.



16 xullo, 2015

(Cosmofísica, 5) "El universo está dentro de nosotros. Del cuanto al cosmos"


Una de las preocupaciones no intrínsecamente científicas que manifiestan casi todos los autores de los libros que comentamos en esta serie es la de la necesidad de insertar con naturalidad el conocimiento científico en el interior de la sociedad. Este objetivo responde, fundamentalmente, a la percepción de que el alto grado de inversión económica y la enorme sofisticación de los experimentos y resultados obtenidos (lejos ya de descubrimientos sobre realidades inmediatas para cualquier persona), podrían llevar a provocar una fisura de incomprensión entre sociedad y ciencia. También, de forma más o menos velada, Turok advierte de cierta prepotencia científica como un factor disuasorio para el acercamiento de la sociedad al mundo de la ciencia.

Neil Turok dedica muchas páginas de este libro a argumentar lo necesario que es que ambas partes se aproximen con honradez, seguro como está de que "reconectar la ciencia con la sociedad tiene una finalidad más profunda que desarrollar la próxima tecnología comercializable". Turok afirma que esa reconexión permitiría ayudar a ambos polos de la relación a dirigir los esfuerzos a objetivos positivos y beneficiosos para todos. La imagen con que titula su libro expresa con nitidez la idea que intenta defender.

Turok, como cada vez es más frecuente en estos libros, recurre a lo personal, a lo humano, a lo biográfico, para acercar la ciencia a través de los científicos. E, incluso, a lo autobiográfico. En este sentido, son especialmente interesantes las páginas que dedica a su testimonio personal sobre su estimulante apuesta educativa en la Sudáfrica del apartheid, y sus resultados extraordinarios de avance humano; avance que relaciona con lo que ocurrió durante la ilustración escocesa, cuando una apuesta similar por la educación dio lugar a figuras de primer orden como Newton, Faraday y Maxwell.

Por lo que respecta a su parte técnica, el libro explica con bastante claridad los elementos básicos de la física cuántica, las distintas teorías plausibles sobre el origen del universo (si hay un momento cero que surge de las fluctuaciones cuánticas del vacío o si hablamos de un universo cíclico) y la fórmula matemática o ecuación que resume toda la física conocida, y que expresa los retos a los que la ciencia todavía se tiene que enfrentar (especialmente, ese origen al que acabo de aludir y el futuro).

En sus capítulos finales, Turok apuntala la indisoluble unidad entre el ser humano y el mundo físico en el que nos insertamos, abordando el fascinante tema de la conciencia, que une inextricablemente física, química y biología. Turok se plantea si todo es puramente accidental o si, por el contrario, el ser humano camina de forma inevitable hacia un control del universo que le permitiría terminar convirtiéndose en su conciencia.



TUROK, Neil (2015): El universo está dentro de nosotros. Del cuanto al cosmos. Plataforma Editorial. Barcelona.

07 xuño, 2015

(Cosmofísica, 4) "Antimateria, magia y poesía"


La Universidad de Santiago de Compostela ha tenido a bien el iniciar una colección de divulgación científica. Respecto del mundo anglosajón, llevamos décadas de retraso en esta tarea, aunque en los últimos años varios científicos y editoriales de España están intentando paliar esta deficiencia (entre ellos, Jorge Wagensberg, prologuista de este libro y director de la colección Metatemas de Tusquets). La divulgación de la ciencia, del conocimiento especializado en general, forma parte de la idea de una educación permanente de la sociedad. Entre la enseñanza general de la secundaria y la especialización laboral hay un vacío formativo intolerable para una sociedad adulta y moderna, y es precisamente para rellenarlo para lo que este tipo de publicaciones son imprescindibles.

El libro de Edelstein y Gomberoff (de título desafortunado por engañoso), escrito con una agilidad lingüística que uno asocia inevitablemente al origen hispanoamericano de ambos, es una breve y rapidísima exposición de algunos de los temas más relevantes de la física actual, especialmente la orientada a la cosmología: la antimateria, los neutrinos, el bosón de Higgs, la nada, los agujeros negros, etc. El único tema que recibe un tratamiento más por extenso es el de la simetría, asunto de no poca importancia.

La técnica expositiva de los autores se basa en una explicación teórica mínima, pero precisa, del tema en cuestión, a la que añaden, por un lado, ejemplos y comparaciones muy de andar por casa, y, por otro, una serie de pinceladas biográficas de los principales científicos involucrados. El resultado es una entretenida amalgama informativa que sirve como guía inicial para una introducción en los mencionados temas.


EDELSTEIN, José y Andrés GOMBEROFF (2014): Antimateria, magia y poesía. Universidade de Santiago de Compostela. Santiago.

09 marzo, 2015

(Cosmofísica, 3) "Universos ocultos. Un viaje a las dimensiones extras del cosmos"

Este libro de Lisa Randall, profesora de la Universidad de Harvard, es, antes que nada, una completa exposición divulgativa de la teoría de cuerdas, la candidata más conocida para conseguir combinar la mecánica cuántica con la relatividad general. Yendo más allá del llamado modelo estándar de la física de partículas (el que todos, más o menos, conocemos), esta teoría apuesta por la existencia de una entidad física elemental (no divisible y unidimensional), la cuerda, que sería una especie de segmento de energía que, dependiendo de su oscilación o vibración, daría lugar a las partículas. 
 

No obstante, aunque pocas veces se relacionan con ella, lo más conocido de la teoría de cuerdas son dos de sus corolarios: por un lado, la posible existencia de, como mínimo, 6 dimensiones espaciales más, y, por otro, la posible existencia de branas, una suerte de universos paralelos (entre los que estaría el nuestro) con sus propias condiciones y características físicas; dicho de otra manera, la teoría de cuerdas admite la posibilidad de que exista un multiverso

De entre lo más valioso de este libro está, precisamente, la explicación de lo que son esas dimensiones ocultas.


Por lo demás, el libro de la profesora Randall funciona también como manual de física y cosmología básicas. Aunque con un estilo expositivo en ocasiones exasperante, por su obsesión con cierto tono informal que se confunde con la prolijidad, a lo largo de sus páginas podemos encontrar tratados con una destacable habilidad explicativa los grandes temas de la física relativista y cuántica. En concreto, Randall es capaz de sortear cualquier complicación en el asunto de la dualidad onda/partícula, y en su tratamiento de la mecánica cuántica, el experimento de la doble rendija está expuesto con bastante claridad. Es muy iluminadora también su explicación de cómo se materializan las distintas fuerzas físicas; en este sentido, cubre un terreno muy difícil de encontrar en otros libros acerca de cuál es el papel exacto que desempeñan los bosones gauges en la transmisión de esas fuerzas entre partículas, y que es, realmente, lo que da sentido a todo. A este respecto, su discusión de la fuerza débil es apasionante y su panorama de las partículas y de las relaciones y fuerzas entre ellas es altamente informativo.
 

RANDALL, Lisa (2011): Universos ocultos. Un viaje a las dimensiones extras del cosmos. Acantilado. Barcelona.

26 xaneiro, 2015

(Cosmofísica, 2) "Un universo de la nada. ¿Por qué hay algo en vez de nada?"


Este ensayo de divulgación científica intenta explicar cómo el universo pudo haber surgido, realmente, de (la) nada. Este objetivo, aunque intrínsecamente de interés científico, se plantea en este libro, de forma explícita, como una aportación más, de las muchas que en Estados Unidos un grupo de científicos de primera fila están realizando estos últimos años, a la confrontación con los creacionistas. En este sentido, significativamente, la obra viene respaldada por un postfacio del biólogo Richard Dawkins, adalid en esa disputa. 
 
Desde el punto de vista científico, lo más valioso de Un universo de la nada es que es de los pocos libros de divulgación que se dedica casi íntegramente a discutir la hora 0 del universo; y, si se compara, por ejemplo, con las obras también recientes de Richard Penrose (Los ciclos del tiempo) y de Martin Bojowald (Antes del Big Bang), es el más claro para el aficionado.

En los tres primeros capítulos, Krauss relata la pesquisa histórica de la ciencia en busca del origen del universo, desde la propuesta inicial de Lemaître de un "día sin ayer" hasta la radiación del fondo cósmico de microondas que confirmó la existencia de ese big bang. El momento clave, para el tema del libro, se sitúa, sin embargo, en el capítulo 4, donde el autor discute la relevancia del término cosmológico que añadió Einstein a sus ecuaciones de la relatividad general para conseguir un universo estático a gran escala. Porque una vez situado en el lugar oportuno en esas ecuaciones, explica Krauss, esa constante cosmológica, en colaboración con la mecánica cuántica, nos lleva a enfrentarnos a la evidencia de que el espacio vacío, la nada, en realidad, pesa algo. 
 
La idea clave para entender esto, desarrollada por Richard Feynman, sugiere que en periodos inimaginablemente breves, tanto que la medición precisa de su velocidad es inviable, las partículas pueden llegar a sobrepasar la velocidad de la luz; siguiendo a Einstein, esto supondría que su comportamiento reflejaría un ir hacia atrás en el tiempo. Para el caso de un electrón, la consecuencia sería la aparición espontánea, en algún lugar del espacio, de un par electrón-positrón, pareja que se desharía cuando el positrón se anulase al encontrarse con el electrón inicial. En resumidas cuentas, en condiciones muy específicas, es factible la aparición de la nada a partir de partículas virtuales.
 
Un efecto no deseado de la existencia de esas partículas virtuales es que, obviamente, generan energía, y no poca: tanta, que su cálculo resulta sencillamente incompatible con la existencia del universo tal y como lo conocemos, esto es, plano y con determinadas estructuras materiales en su interior. 
 
En 1995, el propio Krauss y Michael Turner propusieron la hipótesis de que esas partículas virtuales llegan a anularse entre sí, dejando el espacio vacío con una energía oscura de casi cero, una casi nada que sería la responsable de la fuerza de repulsión necesaria para dominar la expansión acelerada de nuestro universo. Pocos años después, la hipótesis fue confirmada y se estableció que "el único universo plano consistente con la estructura a gran escala observada en el universo es el que cuenta aproximadamente con 70% de energía oscura y (...) esa energía oscura se comporta más o menos como la energía representada por una constante cosmológica."

Llegado a este punto, el autor se centra en las condiciones iniciales del universo que permitieron llegar a la planitud actual. Explica el concepto de transición de fase y aborda el llamado periodo inflacionario, cuyo origen está, precisamente, en las fluctuaciones cuánticas del espacio vacío. Congeladas durante esa inflación que expandió el universo en un factor de más de 1028 , ellas serían las responsables, posteriormente, de las densidades que originarían todo lo que hay, previo paso por el big bang. Un todo lo que hay que surge, así, literalmente, de la nada, "sin la necesidad de ninguna guía divina."

El libro, antes de los capítulos finales de confrontación directa con la religión, aborda otros temas de mucho interés, como el del carácter especial de la etapa del universo en que vivimos, la posibilidad de otros universos en la línea de lo que sugiere la teoría de cuerdas, los vínculos de ese origen de la nada con la aparición de la vida, las implicaciones que tendría una teoría cuántica de la gravedad al aplicar los mecanismos cuánticos a las propiedades del propio espacio, etc.
 
Es un libro breve, pero extraordinariamente intenso e instructivo desde el punto de vista científico.

En cuanto a su aportación al debate con la religión, como ya apunté al principio, el libro forma parte de un paisaje propio de Estados Unidos. Para entender a qué viene en medio de este despliegue de ciencia de primer nivel el intento de razonar por qué no es necesario Dios, uno debe primero enterarse de cuál es la rocambolesca presencia social de los creacionistas en ese país. Solo así es posible ser condescendiente con tamaño atrevimiento, que no es exclusivo en modo alguno de este autor; la lectura continuada de este tipo de libros hace perceptible una contraofensiva desnortada de algunos científicos contra todo lo que no sea ciencia. Por poner un ejemplo de un libro que habremos de comentar aquí, en la primera página del excelente El gran diseño, de Stephen Hawking y Leonard Mlodinow, se afirma gratuitamente: la filosofía ha muerto.

Esta trampa en la que cae la ciencia al entrometerse en asuntos que no son de su incumbencia, como tal ciencia, es perceptible en la respuesta que Krauss da a la pregunta de por qué hay algo en vez de nada: porque la nada es inestable, dice. La trampa es aceptar esa pregunta, pues esa pregunta se formula desde el lado de la religión (es pura metafísica) y, por tanto, su semántica solo es entendible desde ella. Esa pregunta habla de una nada que no es de este mundo, mientras que Kraus habla de una que sí lo es. 
 
Quizás el autor debería en el futuro intentar responder a la pregunta que realmente surge como consecuencia de lo que su tarea como científico nos demuestra: ¿por qué (o cómo es que) siempre ha habido algo?


KRAUSS, Lawrence M. (2013): Un universo de la nada. ¿Por qué hay algo en vez de nada?. Pasado y Presente. Barcelona.

C. M.

18 xaneiro, 2015

(Cosmofísica,1) "La partícula al final del universo. Del bosón de Higgs al umbral de un nuevo mundo"

Los protagonistas de este libro son el bosón de Higgs y el descubridor del mismo, pero no el señor Higgs, sino el gran colisionador de hadrones controlado por el CERN. 
La partícula al final del universo explica la historia y el funcionamiento de "la máquina más grande y más compleja que el ser humano ha construido jamás" y, simultáneamente, en la línea de ese apasionante oxímoron científico que anuda la física de partículas con la cosmología para generar un intento de explicación de la realidad, describe la singular posición en el cuadro del modelo estándar del que es su descubrimiento más relevante: el bosón de Higgs, esa palpitación de un campo sustentado sobre el vacío que hace que las partículas elementales tengan masa.

Como ocurre en la mayoría de los libros de divulgación física, este de Sean Carroll, además de tratar de un aspecto concreto de su ámbito de interés (aquí, el bosón de Higgs), aprovecha también para repasar ciertos fundamentos de la especialidad: en este caso, tanto en los tres primeros capítulos del libro como en los tres apéndices que contiene, Carroll describe las líneas fundamentales de ese llamado modelo estándar de la física de partículas.

Por lo demás, aparte del interés concreto que tiene el libro por su explicación in extenso del bosón de Higgs y de los fundamentos históricos, científicos, técnicos y humanos del colisionador de hadrones, la obra de Carroll hace precisiones clarificadoras para el aficionado sobre un concepto de innegable opacidad como es el de campo y, en concreto, sobre el de campo cuántico, cuyo protagonismo en el origen mismo del universo y en la discusión del concepto de vacío o de nada física es evidente.


CARROLL, Sean (2013): La partícula al final del universo: Del bosón de Higgs al umbral de un nuevo mundo. Debate. Barcelona.

14 febreiro, 2013

Una recomendación: "India. Democracia y violencia religiosa", de Martha Nussbaum


El 27 de febrero de 2002, un tren lleno de peregrinos hindúes se detuvo en la estación de Godhra, en el estado indio de Guyarat. Apenas diez minutos después, uno de los vagones estalló en llamas provocando la muerte de 58 de sus pasajeros. Durante ese tiempo, se habían producido en el andén una serie de incidentes entre los viajeros y los musulmanes que estaban en él. A lo largo de los siguientes días, se acusó sin pruebas a la comunidad musulmana de la zona de ser la responsable del incendio, y el extremismo hindú se tomó la justicia por su mano: más de dos mil musulmanes fueron asesinados, la mayoría quemados vivos en sus casas o cerca de ellas.

Martha Nussbaum investigó durante cinco años el origen de las atrocidades que se cometieron durante esos días; en 2007 publicó este extenso estudio sobre la historia y la cultura política y religiosa de la India, con la intención de averiguar la índole exacta de las fricciones entre musulmanes e hindúes.

Las conclusiones de Nussbaum desbordan el ámbito de la India y socavan la idea de un choque de civilizaciones como fuerza motriz de los conflictos del mundo actual; la autora sostiene la necesidad de enfocar los problemas desde una perspectiva interna, y reclama por parte de las democracias una atención consciente a la formación de individuos verdaderamente libres que, sobre todo, respeten la libertad de los demás.

Nussbaum apela a la enorme responsabilidad de las autoridades a la hora de alcanzar este objetivo. El país de Tagore, Gandhi y Nehru (a los que Nussbaum dedica un interesantísimo capítulo), el país democrático con más población y cuya Constitución protege los derechos humanos de forma más exhaustiva que la estadounidense, vio cómo en aquellos días de 2002 las autoridades políticas y judiciales abandonaron su responsabilidad en la protección de las minorías y respaldaron una violencia salvaje que, de una forma soterrada, reflejaba una intolerancia personal hacia los musulmanes.

El ensayo de Nussbaum es un razonado alegato en favor de la tolerancia como principio fundamental para el correcto funcionamiento de las democracias; alerta contra el laicismo irreflexivo ("la religión tiene en principio mucho que ofrecer a la cultura publica de una democracia pluralista"); contra las visiones maniqueas de las religiones (con el ejemplo de los musulmanes de la India, muy alejados del fundamentalismo que algunos quieren hacer inherente a su religión); y contra la amenaza de una concepción romántica del nacionalismo basada en los lazos de sangre, la tierra, la pureza y el Volksgeist.